
Hoy mientras venía camino a casa, pude observar niños pidiendo limosna en las esquinas, criaturas que tenían entre 4 y 8 años de edad.
Es sumamente fuerte absorver estas imagenes, es difícil asimilar cómo siendo el ser humano uno de los animales con mayor inteligencia en el planeta permitamos que esto suceda, realmente pareciera que somos totalmente lo opuesto.
Esto me recordó a mi primer contacto con niños de la calle, que fueron forzados a perder su inocencia y enfrentar todos los obstáculos de la vida a muy corta edad, a cambiar sus juguetes por instrumentos que teóricamente los ayudarán a pedir dinero, a cambiar sus sueños por calles repletas de peligros.
Recuerdo tener entre 4 y 6 años de edad, cuando mis padres me llevaron a un restaurante para almorzar, después haber terminado el plato de comida y por aburrimiento decidí salir del restaurante (la mesa en la que estabamos sentados quedaban cerca de la puerta por la que mis padres no vieron nada malo). Al momento de salir me topé con dos niños, el primero de ellos con una edad muy similar a la mía y el segundo tal vez dos años mayor.
No tengo muy claro en qué momento inicié a platicar con ellos, pero recuerdo que dentro de las pimeras cosas que pregunté fue por sus padres, el más grande de ellos respondíó "...somos huérfanos"; esa palabra para mí era totalmente nueva, por lo que pregunté su significado y él me respondió "... nuestros padres fallecieron, ahora están el cielo y eso es ser huérfano" (recuerdo con mucho cariño ese momento porque aprendí una nueva palabra y concepto de un niño que muy probablemente muchos mayores despreciaron).
Luego les pregunté cuál era su juguete favorito, para lo que ellos me respondieron "...no tenemos juguetes, nuestros juguetes son la caja de madera que llevamos con nosotros, un cepillo, un bote de betún líquido, una bola de trapos y una lata con cera". Les pregunté qué hacían con eso y el más pequeño me respondió "...con esto lustramos zapatos para comprar nuestra comida".
Recuerdo que mientras platicaba con ellos me invadió un sentimiento de pena y tristeza, pues para cada pregunta que hacía ellos tenían una respuesta difícil de asimilar, aún tengo presente la imagen de sus camisas sucias, sus pantalones con parches y el zapato de uno de ellos, que dejaba azomar un pequeño dedo pulgar. Hoy cuento esto y aun me invade tristeza esas imágenes.
Pasó un rato cuando mis padres salieron del restaurante y me vieron con los niños, le dije a mi padre que ellos eran mis amigos, creo que a mi papá le provocó mucho sentimiento esa imagen tan adversa, ver a un niño que aun conservaba su inocencia junto a otros dos que la vida no les brindó esa oportunidad, cruzó un par de palabras con ellos y les dejó unas monedas para que pudieran ayudarse.
Este recuerdo lo tuve nuevamente muchos años después, cuando yo trabajaba para una empresa de telefonía celular móvil, yo era jefe de una agencia y no disponía de mucho tiempo de almuerzo por el movimiento que en ese punto se presentaba. Un día dispuse salir a almorzar en un restaurante que quedaba a la vuelta del trabajo, comí rápido y ya iba de regreso cuando en el camino me cruce con un niño de 6 años de edad, quien me ofreció lustrar mis zapatos, aun tenía tiempo y acepté.
Platicando con el niño me contó que acababa de empezar a trabajar pues recien habia salido de la escuela y de grande quería ser doctor, en ese momento lo felicité y lo alenté a que continuara, pero en cuestión de segundos el semblante de esa criatura cambió y me comentó que no sabía si podría continuar; mi semblante también varió y le pregunté el motivo de ésto, me dijo que tenía que pagar en dos día la inscripción del colegio, que eran Q50.00 (aproximadamente $6.10) tambien le faltaba comprar sus cuadernos, ya que había empezado con uno usado del año pasado y con un lápiz que le obsequiaron.
Por esa razón estaba tratando de lustrar zapatos hasta noche, pues que le advirtieron en la escuela que sin eso no podría seguir estudiando, a esto sumar que, su padre no lo quería ayudar, ni estaba de acuerdo con que siguiera asistiendo.
En ese momento sentí una gran bofetada de realidad en la cara, algo que me bajo en milésimas de segundo de la nube y me puso con los pies sobre la tierra. Para mí era inaceptable esa situación, cómo era posible matar la ilusión de un niño por superarse, por querer ser alguien en la vida, por tener el sueño de ser mejor, mientras que yo con ese monto de dinero muy probablemente lo hubiera matado en alguna estupidez.
Cuando el niño terminó de lustrar mis zapatos, inmediatamente saqué de mi bolsillo un billete de Q100.00 (aproximadamente $12.00) y le dije que por favor ya no se preocupara por la inscripción, ni por sus cuadernos, que ese billete que le obsequiaba era para que pagara su deuda y para que comprara los cuadernos mas lindos que encontrara. También le encargué que guardara bien ese dinero y que no se lo mostrara a su padre para evitar que se lo arrebatara, el niño rápidamente lo oculto en el bolsillo interno de su pequeña chaqueta y me prometió que se iba ir directamente a la escuela para pagar.
Créanme que al día de hoy jamás me habían regalado una sonrisa y una mirada tan llena de felicidad como la que el niño me obsequió esa tarde. Quiero creer que la criatura pagó su inscripción, quiero creer que compró los cuadernos más lindos, quiero creer que ese infante aun me recuerda y quiero creer que ese niño tiene presente sus sueños a pesar de la adversidades que le ha tocado vivir.
¿Qué concluyo de esto?:
- Recordemos todos los días dar infinitas gracias a Dios por las oportunidades que se nos han dado, agradecer por nuestros padres, nuestra ropa, nuestro alimentos, por la posibilidad de estudiar y poder alcanzar los sueños que de niños tuvimos.
¿A qué los quiero invitar?:
- Cuando vean a un niño en la calle, tomen 5 minutos de su tiempo y traten de platicar con ellos, no hay algo más fuerte que escuchar esas pequeñas voces con problemas tan grandes, van a recibir una bofetada de realidad, que cambiará su perspectiva para el resto su vida y recordemos siempre ayudar a quienes más lo necesitan.
Este espacio va dedicado a Tonito, el niño que con sus sueños me hizo despertar a la realidad.


